martes, 15 de julio de 2014

EL OJO QUE TODO LO VE


Nadie es invisible para ti, nadie indiferente, no hay aquel que te engañe, que te burle o que te estafe,
tu ves la verdad que hay en nosotros, desnudas nuestra alma y no confundes falsedades.
 Nos contemplas y no podemos guarecernos de tu mirada.
Cual vigía nos observas, pero no nos defiendes ante nada,
no nos juzgas, no intervienes ni te apiadas.
Nos estudias como gran observador, pero sin mediar en nada,
nos dejas errar para que crezcamos sabios, nosotros creamos la chispa y nosotros avivamos la llama.
 
Si de mi vida dependiera gran observador ¿me dirías que me ampara? para no caer en la desgracia y para nunca errar en nada.
y si me encuentro en una encrucijada ¿me dirías donde ir? para vivir sin la angustia de elegir y encontrar la paz buscada.
Dime gran espectador, cuándo dejes de observar
 ¿existiré sin tu mirada?
¿dejarías de existir si no hubiera a quien mirar? o ¿empezarías a sentir lo que sienten los vigilados?

 

que no es ni más ni menos que sufrir, como sufre el aprendiz trabajando con sus manos.
¡Oh mísero de mi!...dice él, que todo lo ve
y es que me olvidé de deciros, me olvidé de mentar, que él también era estudiado por una chinche de mar.
 
 Pues de todos es sabido y no me puedo equivocar, que no pasa nada en esta vida, sin que lo sepan los demás,
que ya seas grande o seas pequeño, te puedo asegurar que siempre alguien te verá, ya seas rey o seas plebeyo.