martes, 15 de julio de 2014

LA MALDICION DEL HOMBRE QUE NUNCA ENVEJECIA



Hubo una vez un hombre, que nunca envejecía y de cada siglo los últimos treinta años maldecía, no le gustaba ver como se marchitaban sus amadas y ese grandioso don para él era una maldición.
Pero un as en la manga le quedaba y era su conocimiento, pues fue el primero en conocer, a la lluvia, las nubes y el viento.
 Con la eternidad que vivió en su día, hizo riquezas, fundó naciones y formó legiones.
Hasta que una vez, así cuenta la historia, logró ese hechizo romper y esa fue su mayor victoria.
 La gracia de saber, que cada momento es imprevisible y la certeza de apreciar lo que es irrepetible.

Cerca de cincuenta años aparentaba, que sin duda es la mejor edad, un madurito como poco interesante, de baja cuna y alta cama, que seguía enamorado de su primer amor y que se sentía abandonado por su amada.
Ahora la única meta en su vida, era terminar la partida y poderse retirar.
Pero llegó a cumplir los ochenta y más diez los noventa.
 Entonces se paró a pensar… quise ser mortal, pero me olvidé pedir, que los pocos años que pasara, fueran en compañía de mi amada.
La moraleja de este cuento, es muy fácil de entender, hay que vivir el momento, pues cuanto menos lo esperamos
ya se fue”…