martes, 15 de julio de 2014

LOS HOMBRES TAMBIEN LLORAN


He conquistado ríos, mares y océanos.
Ocupé arenas, prados y montañas.
Me adueñé de nubes, cielos y estrellas.
Sometí a marquesas y plebeyas.
Pero mi mayor reto fue conquistar algo inalcanzable,
 me empeñe en conquistar la hermosura, lo bello, lo entrañable.
Batallé, peleé y al final derroté.
Mis soldados fueron suspiros, mis armas fue mi prosa y mi caballo el papel.
 

Una vez conquistado me proclamé alteza y a ese reino le puse mi nombre, para que todos supieran de mi proeza y para que nadie entrara en él.
Lo guarde en una fortaleza, con tiempo, dedicación y un cincel.
 En el portón de entrada tallé: podéis admirarlo pero nunca entrareis.
Con el tiempo mi reino se marchitó, pues no había nadie que lo cuidara.
 Ahora esta sombrío, sin calor humano y sin nadie más que yo que lo amara.
 

 Me di cuenta más tarde que no supe apreciar y que el amor que proceso que pronto lo supe olvidar.
Entonces por dejadez y por no haber guardianes, un ladrón cautivo por el muro entró. Su intención era saquearlo y marcharse, pero por error se quedó.
Se alimentó de sus deseos de amar, se hizo fuerte y me retó.
A mí, al gran conquistador y después de ganarme la batalla, el ladrón de tu amor me impuso un castigo,
¡serás desterrado! me dijo al oído.
Y por primera vez lloré.
Yo que tantas heridas he sufrido, que nunca fui vencido, no pude hacer otra cosa que llorar…