martes, 15 de julio de 2014

VIVO GRACIAS A UN CARACOL

 

Os contaré una historia que me pasó, un domingo, como uno de tantos domingos, que salí a disfrutar con mi gente y pasar un día divertido...


Estaba con mi familia en un domingo que pasemos en el campo, para coger espárragos, setas y caracoles, en un día medio lluvioso y nublado.

Entonces, cada uno de nosotros nos repartimos en la montaña, para después juntarnos y ver quien había recogido más cosas...

Cuando estaba lejos de los demás, vi un caracol que me pareció enorme y, como no, fui corriendo a cogerlo y también corriendo fui a enseñárselo a los demás, sin darme cuenta de que había una cadena cortando el paso de un pozo ciego. Torpe de mí, no vi esa dichosa cadena y tropecé con la mala suerte de caer en el pozo.
 
Una vez dentro, solo veía oscuridad y el eco que me respondía a mi voz de auxilio, tan solo unos zarzales me impidieron caer hasta lo más profundo, pero cuanto más gritaba SOCORRO, más resbalaba hacia el vacío.

Yo, al ver que no tenía ninguna posibilidad de salir, no me quedó otra que rezar por mi vida y la del caracol que tenía todavía en mi mano. Entonces pensé, porque tenemos que morir los dos, al menos sálvate tú caracol (pensé) y lo dejé entre los zarzales para que pudiera escapar. El caracol se dirigió hacia la luz y al final logró salir.
 
Y al poco tiempo (aunque a mí se me hizo eterno), vi un rostro en la boca del pozo, era el rostro de mi primo que me encontró. Cuando me vio, en seguida pidió ayuda y lograron sacarme de aquel pozo tan profundo. Al salir e incorporarme, le pregunté a mi primo: "¿Cómo te dio por mirar dentro del pozo? “A lo que me respondió: "Es que,  Juanito",  vi a un caracol enorme que salía de él.